Cada domingo, desde hace tres años, la big band del Club Boris es una presencia convocante en el escenario de Palermo. Conformada por muchos de los mejores músicos de la escena local, la orquesta que dirige Daniel Camelo ya superó el centenar de funciones y va por más.

Una vez por semana la fiesta se instala en el escenario del Club Boris.  A fuerza de creatividad y talento, un auténtico seleccionado del jazz argentino renueva cada domingo una propuesta que suma nuevos adeptos. Daniel Camelo  explica las razones de un éxito que no deja de sorprenderlo.

¿Cuál fue la idea que dio origen a la Boris Big Band?

La idea era continuar el legado de la orquesta del Village Vanguard, que habían fundado Thad Jones y Mel Lewis y que es algo realmente increíble. Ya pasaron 48 años de su fundación y sigue tocando, a pesar de que sus líderes y muchos de sus músicos murieron. Al dueño de Boris le encantó esta idea. Que haya una Big Band estable y que represente al lugar. Por suerte se dio así. Ya estamos cumpliendo tres años y es una verdadera fiesta cada domingo…

Cuando comenzó no pensaron en algo con tanta vigencia…

No, para nada. Como sabés se la ofrecieron a Ale Demogli y él me convocó a mí. En principio pensamos que era sólo por un mes. Luego las semanas siguieron pasando y la orquesta seguía adelante. No lo podíamos creer. Así llegamos al primer año y bueno, seguimos. Hoy estamos en nuestro cuarto año calendario y la Big Band sigue vigente y es un emblema del lugar.

La Boris está formada por primeras figuras, líderes en sus grupos. ¿Cómo combinan agendas y ensayos?

Ensayamos todos los domingos una hora antes de cada show, ya que reunirnos en la semana es complejo.  Y como el recambio de temas lo vamos haciendo uno por domingo o dos a lo sumo….está bien así. Si lo anualizamos pensá que son unas 45 horas de ensayo por año. No es poco.

¿Y cómo hacen con los temas nuevos?

Les mando las partituras antes para que las vayan mirando. Y el día del show, en esa hora previa, las pasamos. Discutimos detalles, y nada más. Pensá que son músicos que tienen un nivel de lectura altísimo. Solo falta ver qué intención le vas a dar a la cosa. Después de casi 120 shows ya le tomamos el pulso y todos sabemos para donde caminamos.

¿Cómo fue la selección de los músicos?

Apostamos a que en cada puesto estuvieran los mejores de cada instrumento. Y fijate que curioso. Siguen los mismos músicos del comienzo. Todos menos Joaquín De Francisco, el trombonista, que se tomó un año sabático para unos proyectos personales, pero prometió volver el año que viene. Eso es algo increíble. Nadie se quiere ir. Tené en cuenta que estamos hablando de los músicos más requeridos de la escena local. Sin  embargo todos están allí, cada domingo.

Igualmente suele haber cambios en la plantilla…

Siempre hay cambios. Por que como te digo son músicos de muy buen nivel y son muy solicitados. Hay domingos que tenemos ocho cambios entre una plantilla de catorce. Pero los reemplazos tienen el mismo nivel de excelencia. En estos años deben haber pasado 90 músicos por la Boris. Y te diría que ya tenemos una primera, segunda y hasta una tercera línea de reemplazos.. De estos 90 músicos que te decía, el que menos tocó debe haber tocado 10 shows. Se ha generado un grupo humano muy valioso.

¿Para vos es un trabajo a tiempo completo?

Casi. Y es eso precisamente lo que no se ve de un director. Muchos piensan en el director sólo cuando se para al frente de la orquesta. Pero existe toda una tarea previa.  Por eso yo comparo mi trabajo con un director técnico de fútbol. Pienso por ejemplo en Marcelo Bielsa mirando los videos de los equipos. Anotando cosas. Anticipando lo que va a venir. Buscando dar un mensaje claro a sus dirigidos, una línea definida. Aunque después sean sus jugadores los que salen a la cancha, el técnico está ahí y oficia como un recordatorio de lo preparado. Algo similar ocurre con un director de una orquesta.

Pero más allá de lo estrictamente musical hay una tarea muy demandante también en lo organizativo…

Claro. Hay miles de cosas por resolver. Renovación del repertorio. Escribir arreglos nuevos. Diagramar los shows en cuanto al repertorio y al personal. Buscar reemplazos. Hacer que tengan toda la data para el show, todas las partituras. Para mi llegar al domingo es lo más tranquilo de todo. Es el momento del disfrute.

La Big Band de Boris tiene también una línea definida en lo musical. ¿Cuál fue la idea original?

La idea original que tuvimos con Ale es que fuera un show histórico. Fijate que una característica común de las big band es que se dedican a una estética determinada. Algunas hacen Count Basie, Duke, o Sammy Néstico. Otras se centran en la época del riff de Kansas City. La de Thad Jones, por ejemplo, tenía una estética de los 60. Con más agresividad, un brass mucho más grande…mucha energía y volumen. A nosotros nos pareció interesante que quienes vean el show puedan recorrer desde la década del 30 a la actualidad, pasando por todas las décadas y finalizando con autores argentinos, algunos de los cuales puedan estar en la orquesta en ese mismo momento.

Es una manera de abrir puertas a distintos universos…

Exacto.  Buscando el balance en cada show. Pero básicamente no queríamos caer en lo trillado. Todo el mundo escuchó “Satin Doll” de Ellington, pero nosotros queríamos algo de Ellington que no estuviera tan expuesto. Por eso también es tan difícil conseguir algunos temas o arreglos. “Take the A train” está en cualquier lado, pero “A Tone Parallel to Harlem”, un tema tremendo de Duke,  no es tan sencillo de encontrar. A veces tenemos que sacar la transcripción de oreja”, no nos queda más remedio.

¿En ese sentio la Boris responde a un concepto moderno de Big band?

Es que hoy una big band no es sólo para hacer solo temas de Benny Goodman, que están muy buenos por cierto. Hoy una big band es una herramienta que trasciende la estilística del swing y que puede, incluso, hacer una chacarera de Guillermo Klein o de Richard Nant y seguir siendo una big band. No olvidemos que la big band es ante todo un instrumento.

¿Cuál es el balance entre lo escrito y la improvisación en la Boris?

La Boris hace repertorio tradicional, por lo cual el espacio entre solista y lo escrito está muy balanceado, porque eso es la esencia de la Big band. En el caso  de Inmigrantes ya es otra cosa.  No es netamente jazz, hay mucho de música rioplatense y tiene mucho peso lo escrito. Yo creo que aquí tiene que ver el origen del compositor. Ellington tenía las dos cosas. Era un gran compositor y al tiempo un gran improvisador. Gil Evans era un gran compositor ante todo.

¿Y cómo sigue “Inmigrantes”, en medio de todo el trabajo que te lleva la Boris?

Inmigrantes surgió como un proyecto final de graduación en Berklee, en 1996. Cuando volví Gustavo Musso, que estudiaba también allá en Boston,  me insistió y armó un grupo de gente con el que arrancamos en el 2006. Inmigrantes es una olla en la que entra el jazz, la murga, el folclore, el candombe. Todo lo que son mis influencias. Tocamos mucho y grabamos “Puertos”. El disco se terminó en el 2011 y lo presentamos en el Festival de Jazz.  Ahora, si bien con Boris tengo suficiente, cada dos o tres meses hacemos un show con Inmigrantes para seguir teniéndolo fresco. Este año vamos a grabar nuestro segundo disco. Pero lo vamos a hacer distinto. Vamos a grabar de a un tema a la vez. Y cada vez que terminemos un tema lo vamos a subir a la red y va a ser de descarga gratuita. Cuando completemos el disco, que nos va a llevar todo este año y parte del que viene, vamos a producirlo en formato físico.

En las big bands, y sucede en Boris y en Inmigrantes, suele haber variedad generacional entre sus mùsicos. Cómo director, cómo resolvés esas barreras?

Es que no tiene que haber barreras generacionales. Tenemos que estar abiertos, conocer, interactuar, dialogar con otros músicos. Mirá Juan Cruz de Urquiza. Tiene toda una carrera, ha grabado con infinidad de músicos y sin embargo siempre está abierto a nuevas experiencias. Toca con gente de su generación pero también lo hace con su hijo. Todo eso es bueno, porque es música. Por eso me encanta que les esté yendo tan bien a gente como Nico Sorín, Cirilo Fernández o Pipi Piazzolla. Porque son el mejor exponente de una generación que creció escuchando heavy metal, que pasó por el folclore, por el jazz y que al final hace su propia música y la hace sin barreras y sin snobismo. Con libertad en serio.

¿Qué es libertad en serio?

Libertad en serio no quiere decir que si algo está fuera de las fronteras del jazz no sirve. La música es fundamentalmente eso: música. Toda tiene valor. Duke Ellington lo decía. Va a llegar el día en el cual no va a haber distinciones entre los estilos de música. Ese día la buena música va a ser simplemente música. Sin importar como se llame. Yo creo en eso.