El último trabajo discográfico de Paula Shocron es todo un manifiesto cultural. “Los vínculos”, que así se llama, propone el desafiante viaje de una artista inquieta y nada complaciente, que asume los riesgos de toda aventura creativa. Aquí Shocron se sumerge en el universo de las Variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach y las reinterpreta, improvisa y las interviene; bajo la brújula de unas pocas palabras que ofician de guía, para un derrotero a puro riesgo y pasión.

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¿Cómo te surgió la idea de hacer un disco con improvisaciones sobre las Variaciones Goldberg?

Mirá, yo no planeo los discos. Un disco es consecuencia del proceso en el que estoy. Yo al menos los pienso así. Los discos son el reflejo de lo que estás haciendo en ese momento. Si tengo que buscar una explicación, te diría que hay todo un pasado que me relaciona con la música clásica. Yo toco música clásica desde siempre. Y lo sigo haciendo, como una manera de entrenamiento, te diría. Yo siempre digo esto, medio en broma medio en serio: yo en mi casa soy una pianista clásica. Mi entrenamiento como instrumentista se basa en gran parte en lo clásico. Y así llevo años. Entonces las obras que sigo trabajando van y vienen. Las tomo y las dejo. Y me voy armando un repertorio que queda allí, sólo en las prácticas. Y las Variaciones Goldberg formaron durante años parte de eso.

¿Y cómo lo planteaste antes de grabarlas?

Es una obra muy compleja, no sólo técnicamente, si no en muchos otros niveles. Mucho se ha escrito sobre cómo tocar Bach, como hacer Bach. Yo nunca me metí en esa polémica. Siempre lo abordé desde algo muy personal. Y así llegó un momento, luego de haber tocado infinitas veces las Variaciones, que sentí que tenía que hacer algo con esta obra. Y el punto de partida fue entonces comenzar a grabar esas prácticas que yo hacía en mi casa. Sin ningún tipo de presión. Como una tarea cotidiana. A medida que fui acopiando material y comencé a escuchar lo que había grabado, surgió la necesidad de hacerle algo. De intervenirlo, de alguna manera. Lo que me relaciona mucho más con mi hacer de hoy.

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¿Y entonces?…

Lo pensé durante un tiempo. Lo consulté. Y cuando me decidí lo hice a partir de algo que  había  imaginado. Cómo reubicar esa música en el espacio. Es una música que tiene un principio y tiene un fin. Comienza con el Aria, tiene 30 variaciones y termina con la misma Aria. Yo sentí que necesitaba escuchar sonoridades. Necesitaba manipular ese material. Lo hablé con Sam Nacht, y a partir de allí arme una especie de partitura, una partitura gráfica. Con ese material ordenado distinto pensé cómo relacionar un tramo con otro. Qué parte dejar tal cual es. Cuál superponer con otra, o ponerle otro sonido. Fui al estudio y grabé este montaje. Nacht se interesó desde un principio con la idea y me ayudó mucho, sobre todo en lo técnico. Yo muchas veces quería un sonido determinado pero no sabía cómo lograrlo y allí él aportaba su conocimiento.  Hubo mucho feedback con Sam. .

Pero el trabajo no concluyó con esa grabación.

No. Después de esta grabación yo me llevé el material a mi casa y lo escuché durante semanas. Y entonces empecé a escribir textos motivados por esa música. Son los títulos de los temas. Pero a la vez son textos. Y esos textos fueron la partitura para la segunda parte del trabajo. Que fue dialogar desde mi condición actual, con esa cotideaneidad, con ese pasado de pianista clásica que no fui, con ese material intervenido.  Ahora siento que todo tiene una coherencia esencial.

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“El recuerdo”, “Convivencia”, “El espacio”, “La memoria”. “Un lugar”…Podría decirse que los textos funcionan como un camino también, como una hoja de ruta…

Claramente. Los textos interpretaron el montaje y a la vez fueron el disparador para la improvisación. Claramente son un centro fuerte de la obra. Están relacionando dos capas. Fijate en los audios, por ejemplo. El audio del pasado es casero, un poco defectuoso si se quiere. Y el de la grabación en estudio es super profesional. Y en el disco está planteada la convivencia de las dos cosas.

Luego de escuchar tu disco varias veces, pensaba como la primera audición de música improvisada te puede condicionar. Al principio puede generarte incomodidad y hasta displacer y solo luego de sucesivas  escuchas se comienza a apreciar la belleza…

Yo tuve una experiencia muy interesante, que me hizo pensar sobre esto que decís. Fue cuando conocí a Milford Graves. Él es casi un científico de la música. Y se había conectado su corazón a unos dispositivos que traducían, no lo rítmico del corazón, sino su frecuencia. Y eso lo había llevado como a un sistema espectral que generaba diferentes alturas, armónicos, en fin…Él lo había derivado, traducido si se quiere, a un sistema musical. Y nos hizo escuchar un poco de eso. Y te aseguro que era free!!!….Y yo me pregunto entonces, por qué será que algunas veces ese tipo de música te choca, como vos decís, si en realidad estamos fisiológicamente más relacionados con eso que con lo otro. Si nuestro cuerpo funciona así…

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¿Y que te respondés?

No sé (Risas)….Si te puedo decir que a partir de esa experiencia con Graves, entendí que porqué hay algo que me atrae tanto en esa música. Y es que empatiza con lo físico. Hay algo de la biología misma que es así. La biología no entiende de patrones rítmicos fijos…De todas maneras, depende del plano en que te quieras mover en lo musical. Yo soy curiosa, no me puedo quedar quieta o conforme con una única información. Y bueno, he llegado a un punto en el estoy todo el tiempo reseteando, investigando, haciendo cosas. Y se me empiezan a relacionar muchos mundos.

Eso está claro. Desde “La voz que te lleva” para BlueArt, hasta la experiencia con Pablo Puntoriero, los standards para RivoRécords, o el proyecto Imuda, da la sensación de que vas haciendo como postas. Llegás, te quedas un tiempo y buscas otro camino, más allá de los géneros…  

Fui parando en diferentes lugares. Y ninguno de ellos se fue por completo. Es como que todo puede volver o se va complementando. Este último trabajo para mí también es clave en eso que decís. Me aparece esto del free, como free real. Porqué ¿qué es tocar free?…pregunto, porque también corre la información de que tocar libre es tocar de una determinada manera…

Es como contradictorio…

Totalmente. Porque si te dicen que hacer free es tocar como Ornette Coleman, entonces no es free. Te estas limitando a un solo lenguaje. Para mí eso no es la libertad. La libertad incluye todo a lo que a vos te atraviese. Y allí entonces se borran los límites entre tipos de música, entre disciplinas artísticas. Hasta los límites entre tu profesión y tu vida.

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Ahora estos límites que vos marcás en el free jazz ¿no están también en la música contemporánea, incluso hasta en las propuestas de más libre improvisación? 

Claro, en toda la música. En el momento en que la música es etiquetada, supone un marco. Está el tema de los límites. Dentro de los límites se acepta. Fuera de los límites, ya te excluyen.  De todas maneras yo pienso que hoy hay mucha gente que está haciendo cosas en los bordes. Que no son ni una cosa ni otra. Y lo institucional va a tener que amoldarse a eso. Mirá lo que pasa con el tema de los subsidios, por ejemplo. Hacés el trámite y no sabes que ítem poner, porque no está contemplado en ninguno en particular. Me ha pasado. “Es música o danza”…y es las dos. No, no se puede elegir las dos…empieza a pasar eso. Hoy también pasa que los mundos artísticos se están cruzando mucho. Yo no vivo pensando en la música. La música me llega, pero yo hago muchas otras cosas. Escribo mucho, hago danza…con el SLD Trio hicimos mucha improvisación de voces y de textos.

¿Y por qué crees que teniendo la música, que puede contar sin palabras, vos buscás cada vez más en los textos?

Porque se trata de contar historias. A veces lo podés hacer con la música. Otras veces sentís que lo expresas mejor con una palabra. A veces se complementan, otras veces no. También hice el arte de tapa en el disco. Hay que buscar, borrar etiquetas, sacar los límites entre las disciplinas…Cada uno tendrá su  manera, pero lo importante es poder vivirlo. Claro que estar en muchos lugares significa también no estar en ninguno en particular. Y eso puede llegar a ser un poco solitario. Pero bueno, hay que confiar en lo que uno siente. Dejar la carga del pensamiento racional y apuntar a las necesidades de cada uno. Por eso para mí vida y el arte son dos cosas que ya no puedo separar.
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Escuchá “Los vínculos” aquí 

Próximos shows de Paula Shocron

Junto a Pablo Díaz y Jorge Torrecillas Ensamble

1º de agosto Casa Ilda

Junto a Fabiana Galante

18 agosto Casa Ilda

Julián Álvarez 1861. Palermo