La noticia no tiene sentimientos. Sólo informa. Murió Francisco Salgado. Unas pobres líneas que jamás podrán abarcar la inmensidad de su arte. Jóven, inquieto, talentoso, Francisco construyó sin estridencias un camino que no merece un final. De su integridad darán testimonio sus amigos. Pero su música no necesita de palabras. Basta con escucharla. Quizás esté allí el mejor homenaje.

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Texto FR / Fotografías Luis Suarez  

Quizás él lo intuía. No lo iba a decir, pero lo intuía. Francisco Salgado era el motor de una de las más interesantes movidas del jazz argentino actual. Con centro en la vieja casona de la calle Roseti, Francisco se había convertido en un impulsor incansable de las manifestaciones musicales más libres que podían escucharse en la ciudad de Buenos Aires.

Claro que no estaba solo. Junto a él Enrique Norris, Guillermo Roldán, Tatiana Castro Mejía, Matías Coulasso, entre otros, formaban parte de la primera línea de una cofradía a puro riesgo y creatividad.

32644341_10214888616382523_3506551539726548992_nY Francisco lo disfrutaba sin disimulos. Y entonces se vestía de un entusiasmo contagioso. Una alegría que lo desbordaba cada vez que hablaba de un nuevo encuentro de su Punto de Fuga, o ponía en palabras la idea de un proyecto por venir. Audaz, creativo, singular.

Era el mismo Salgado que empuñaba su trombón libre o refugiaba entre sus manos esa armónica con la que era capaz de sensibilizar el alma de cada uno de nosotros. Entonces un viejo blues o el free más atrevido eran solo excusas. Lo que importaba, todos lo sabíamos, era que aquel músico dejaba su corazón en cada nota.

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Porque Salgado, y digámoslo de una buena vez, era un músico que entregaba arte y desafío a un mismo tiempo. Un músico capaz de deleitar con una melodía de esas que sabemos todos y de pronto tomarnos de la mano y llevarnos a las aguas más profundas de la libre improvisación, con el mismo compromiso, la misma pasión y entrega.

El Maffia Underground Trío, Salgado y Asociados, sus aventuras por el universo monkiano junto a Tatiana Castro Mejía, su acercamiento al jazz colombiano o su último trabajo, el Roseti Proyect, junto a Matías Coulaso y Frido Ter Beek (para quien esto escribe el mejor disco del 2017) son pautas claras de un músico inquieto, creativo desafiante. Pero sobre todo de una persona íntegra, de una honestidad indiscutible. De esas que no abundan.

El tiempo, como todos sabemos, terminará poniendo las cosas en su justa medida. Y Francisco Salgado ocupará el lugar que merece en la historia del jazz moderno en la Argentina. Al resto de los mortales, solo nos quedará la nostalgia.

Las fotografías que acompañan el texto, fueron tomadas por Luis Suarez en el último show de Francisco en Roseti.