Hay artistas siempre alejados de lo previsible.  Luis Nacht  asumió esa postura desde un inicio y  hoy está entre los músicos más creativos del país. Asi lo evidencia en “Lo invisible”, su último trabajo en BAU.  Ahora, fiel a su estilo, prepara un quinteto con dos guitarras eléctricas para su próximo disco.
Por Fernando Ríos
Fotografías: González-Casabene 

 

¿Qué te decidió a elegir para “Lo invisible” una formación poco común, sin batería?

Si, es una formación poco común. Creo que el origen está en un disco que escuché hace años. Era el trío de Jimmy Giuffre, con Paul Bley  en piano y Steve Swallow en bajo. Allí Giuffre toca clarinete, pero igual, desde la primera vez que lo escuché quise tener algún día esa formación. Alguna vez lo hice. Recuerdo que alguna vez toqué con un trío similar con Jerónimo y Paula Shocron. Hicimos temas del Cuchi Leguizamón y salió muy lindo.

 Entonces la idea estaba y ahora preparaste la oportunidad…

La verdad es que todo fue casualidad. El año pasado me ofrecieron un ciclo del Fondo Nacional de las Artes en la sala Haroldo Conti . Pensé en llevar mi grupo, con batería y guitarra, pero me avisaron que había un piano hermoso. Entonces pensé armar otra cosa para aprovechar esa calidad de instrumento y convoqué a Ernesto y a Jerónimo. Tenían también un sistema de grabación y al final del show nos dieron todo en un pendrive. Cuando llegué a casa lo escuche y me gustó. Quizás si no me hubieran dado esa grabación hubiera pasado como una tocada más…

¿Esa es la grabación que sale en el disco?

No. Estaba bien grabado, pero no para editar. Entonces nos pusimos en marcha.  Alquilamos ese piano, le pedí permiso al director del Haroldo Conti para usar el espacio un domingo a la noche. Y así, cuando estaba todo cerrado, en ese silencio absoluto y hasta sepulcral, ya que el centro funciona donde estaba la Escuela de Mecánica de la Armada, grabamos el disco. En tres o cuatro tomas, bien sencillo y con sonido directo. Aquella noche comenzamos y terminamos “Lo invisible”.

¿Si todo fue tan casual cómo armaron entonces un repertorio?

Estos temas ya los tenía, los veníamos tocando con mi cuarteto y los adaptamos para el trío. Solamente compuse “Sergi” para este disco, que está dedicado a Sergio Verdinelli.

¿Cómo se adapta una música pensada para un cuarteto con guitarra y batería, para llevarlo a este formato?

Se adapta bien, porque es una música abierta y sencilla. Como idea, digo. Son   pequeñas ideas. El tema está en lograr que esas pequeñas ideas se desarrollen y  progresen luego al momento de tocarlas. Para mi eso es parte del concepto fundamental del tocar. Parte de la esencia misma del jazz. Además acá todo se ve magnificado por la ausencia de la batería. Hay un espacio sonoro no ocupado, que favorece el diálogo y los silencios. Aparecen las sutilezas y la pulsación rítmica está insinuada o sugerida, no es concreta como cuando hay una batería. Todo potenciado por la calidad de Jerónimo o Ernesto.

Con Carmona tocás hace mucho tiempo y él siempre está en todos tus grupos, pero no recuerdo haberte visto con Jodos.

Es que con Ernesto no toco tan habitualmente como si lo hago con Jerónimo, pero si te acordás él estuvo en mis primeros dos discos. Después no nos juntamos por mucho tiempo, salvo situaciones aisladas. Pero para mi es natural tocar con Jodos, que es un maestro.

¿De los seis discos que grabaste cuál te gusta más?

El que más me gusta siempre es el último disco. Siempre me pasa. Al menos por un tiempo, hasta que saque otro…

¿Y ese otro está en preparación?

Si, y saldría en abril. Es un disco que grabamos en julio de este año casi al mismo tiempo que se editaba el del trío. Es el cuarteto habitual, con Jerónimo, Carto Brandán y Juan Pablo Arredondo,  más la incorporación de Patricio Carpossi. Cuando fuimos tocando vimos como aparecía algo nuevo, porque la suma de otra guitarra nos obligó a tocar diferente,  principalmente a Juan Pablo que era el único guitarrista del grupo. Y asi de manera natural apareció otro sonido en el grupo. Un sonido casi rockero, te diría.

¿En este quinteto hay mas improvisación que en el trío?

Hay mas elementos sonando al mismo tiempo.  Hay más voces. Dos guitarras, contrabajo, saxo y batería. Somos cuatro músicos que tocan melodías y dos que tocan armonías. Entonces los caminos a los que llegamos son muy diferentes. El otro es un trío acústico y este se podría decir que es un quinteto eléctrico. Porque justamente la riqueza está en la manera diferente que tienen los dos guitarristas de tocar. Eso además justifica su presencia. Son muy diferentes.

Hablando de diferencias y encuentros, hace unas semanas participaste en el segmento “Cruces” del Festival de jazz de Buenos Aires. ¿Como estuvo eso?

Muy bueno. Participé de los cruces con tres músicos excelentes. Dos de ellos   franceses. Eric Enchampard en batería y Bruno Chevillon en contrabajo. Vinieron con el grupo de Marc Ducret. Son músicos muy buenos,  muy modernos, con ganas de hacer cosas muy jugadas.  Junto con nosotros estuvo un pianista norteamericano, Joel Holmes, un músico más enraizado en lo tradicional, que tocó con Roy Hardgrove y Javon Jackson. Hubo cierta tensión allí por las diferencias de estilo, pero hicimos cosas  jugadas y quedaron realmente buenas.

¿Tenés algún proyecto con ellos a partir de allí?

Quedamos entusiasmados de la naturalidad con que la música se dio esa noche. Con Eric y Bruno es posible hacer algo en Europa para el 2014 y con Joel quizás en abril del 2013 toquemos en Nueva York ,como parte de una gira que incluye México con el quinteto.