Seis años después de su primer disco, Lucio Balduini regresa con “Viento divino” y un cuarteto que integran “Pipi” Piazzolla, Mariano Sívori y Jesús Fernández.  El trabajo, cuyo título homenajea a Luis Alberto Spinetta,  muestra un grupo sólido lanzado a la búsqueda de sonidos y texturas propios.  Los memoriosos rastrearán la influencia del jazz rock de los 70. Pero lo cierto es que “Viento divino” está entre lo mejor que se editó en el último año.
Entrevista: Fernando Ríos
Fotografías: González-Casabene 

 

Tu primer disco: “Lucecita”, es del  2007  y “Viento divino” del 2012 ¿Por qué estuviste tanto sin grabar?

Es el tiempo que me llevó hacer “Viento divino”. Me demandó ese tiempo llegar a tener un material al que yo considerara apto para grabar. En el disco hay algunos temas que me llevaron años terminar.  Temas en los que, por ejemplo, tenía la estrofa pero no el estribillo. No aparecía y lo que tenía no me cerraba. Algunos de esos temas no cerraron por años.  “Sueño canción” s un ejemplo de esto. Tuve la estrofa, pero el estribillo no llegaba. Eran todos fallidos, hasta que apareció. Fue un impulso. Pero fue un impulso que se hizo esperar.  Después juntar los músicos, armar el grupo, me llevó mucho tiempo. Definir la paleta de sonidos…en fin, armar el rompecabezas requiere tiempo.

Casi al tiempo que sale tu disco, en el que está “Pipi” Piazzolla, aparece  “Arca rusa”, el primero de él  sin Escalandrum y en el que estás vos.

Si, el de “Pipi” apareció un mes mas tarde que el mio aunque lo grabamos varios meses después. “Pipi” no necesitó tanto tiempo como yo para terminarlo.  “Arca Rusa” lo grabamos en mayo y salió en noviembre. “Viento divino” lo grabamos en diciembre y salió en octubre del siguiente año.  Son discos bien distintos…

Aunque comparten un tema tuyo: “Ambiente laberinto” ¿Por qué quisieron que estuviera en los dos discos?

Lo tocamos con el trío de “Pipi” porque a él le gustaba y quedó. Es una versión diferente que la que está en “Viento divino”.  La del trío es más directa,  más cruda. En mi disco hay teclados, además agregué cosas, doblé guitarras. Tiene efectos. En cambio el disco de “Pipi”, como sabés, se grabó de manera directa.

¿De dónde viene y en qué se basa esta sociedad con “Pipi”?

Yo había tocado con él en el disco de Nico Sorín. Luego toqué en el grupo de Mariano (Sívori) en el que también estaba “Pipi”. Y más tarde en el de Guillermo Klein. Eso nos dio la oportunidad de compartir experiencias muy lindas.  Yo creo que tenemos una cosa especial cuando tocamos juntos. Hay un entendimiento muy grande. En un primer momento pensamos en hacer un dúo.  Incluso un par de veces tocamos en dúo.  Lo que siento cuando toco con “Pipi” es que el tiempo es elástico. Es muy positivo. Siempre probando cosas nuevas. Es  el primero en llegar al ensayo, a la prueba de sonido. Siempre trae ideas.  Siempre tiene algo para que lo que hacemos tenga espontaneidad.

¿Y qué cosas aportaron al disco Mariano Sívori  y Jesús Fernández?

Mariano tiene la particularidad de que siempre sabe lo que tiene que hacer. Tiene la cualidad de saber cual es su lugar. Además siempre tiene una devolución, es muy, muy creativo. En mi disco tanto “Pipi” como Mariano, y Jesús,  tienen un protagonismo tremendo.   Jesús es un hermano  para mí. Fuimos juntos a la escuela y fue el primer músico con el que me junté a tocar alguna vez, cuando teníamos 13 años. Es una alegría inmensa compartir el camino después de tantos años. Estoy eternamente agradecido a “Pipi”, Jesús, y Mariano por  la paciencia, el tiempo y el compromiso que entregaron a este proyecto.  Sabés…yo no trabajo con Midi, soy muy arcaico en esto. Todo está en mi cabeza.  Me grabo en mi casa, pruebo, pero no más que eso. Tampoco escribo en la computadora, escribo en el papel.  Entonces cada vez que nos encontrábamos a ensayar yo venía con cambios. Y ellos nunca se quejaron de esos cambios. Siempre estuvieron allí hasta que salió la partitura final.  Fueron muy pacientes y respetuosos.

¿Qué sentís hoy cuando escuchas tu disco?

Estoy muy contento. Para mí la música está muy bien en el disco. Siento que es un disco vivo.  Que tiene muchos momentos de muy buena interacción.  Que hay mucha intensidad. Con el sonido al límite de saturar, con esa cosa del vivo siempre presente. Creo que  tiene mucho para dar todavía. Mucho por descubrir. Pero también siento que la música mejoró después de la grabación.  Tenemos menos ensayos que antes de grabar el disco, pero sonamos distinto. Y eso es el escenario.

En algunas fotos se te ve con una Gibson Les Paul. ¿Hiciste el disco con esa guitarra?

No. Hay un tema con guitarra acústica. En el resto use la Gibson de caja, pasada por un solo amplificador. Le sacamos bastante el jugo al sonido. La Les Paul la use sólo en alguna sobregrabación. En “Arca rusa”  si usé la Les Paul. Ya tenemos allí un sonido más trabajado. Usamos dos amplis y trabajamos mucho con Facundo Rodríguez, un técnico que es un genio.

Llegaste de Río Negro sin conocer a nadie. Después te fuiste a Barcelona y volviste luego a Buenos Aires.  Eso es como comenzar dos veces…

Si, fue duro. Me fui,  ingenuamente, a vivir a Barcelona en el 2004. No conocía a nadie y no fue fácil. El primer mes fue muy duro. Uno tiene una idea de lo que puede pasar, pero no es sencillo.  Me dio una mano muy grande Luciano Ceraso, un saxofonista argentino que vive allá. Sin él me hubiera tenido que volver enseguida..  Me fui a la aventura, pero tuve suerte. Luciano me invitó a quedarme en su casa, en donde vivían otros  músicos y  por medio de él conseguí mi primer trabajo.  Después se abrieron otras puertas y me quedé un año y medio. Fue una experiencia alucinante.

¿Y qué pasó cuando regresaste?

Cuando regresé la vuelta me costó mucho más que la llegada a Barcelona. Acá es muy difícil. Una vez me dijo Guillermo Klein: “si vos sobreviviste a Buenos Aires, sobrevivís en cualquier lado”. Y tenía  razón. Me costó mucho insertarme, un par de años te diría. Hasta que decidí hacer un disco. El proyecto tomó forma rápidamente. Armé un trío con Ariel Naón y Pedro Etcheverry en el 2007. Y eso me ayudó. Fue un buen impulso. Y después te empiezan a convocar para tocar y armar proyectos. El disco sirvió para eso. Para abrir puertas.  Y entonces comenzás a trabajar, a conocer gente y te encontrás tocando con tipos a los que admiraste toda tu vida…

Que tampoco debe ser fácil.   

Claro que no. No es lo mismo estar en tu casa practicando que de pronto, como me pasó, te convoque Mariana Baraj o Fer Isella para tocar en un show o en un disco. Entonces te encontrás con que tenés que tomar decisiones. Porque lo que  hacías cuando tocabas en tu casa, no va a funcionar ahora.    Allí surge una pregunta esencial. Me convocaron. Tengo que aportar lo mío, pero  ¿qué es lo mío?  Por eso es tan enriquecedor tocar con otros, ser parte de un proyecto y no quedarte en tu casa. Eso es lo que siempre  intento transmitirle a mis alumnos.

¿Te preocupa la búsqueda de una voz propia, lograr un sonido reconocible?

No. El sonido propio no me obsesiona. No me lo planteo. Es algo que sucede, tarde o temprano.  Es inevitable que suceda, porque cada uno de nosotros es único. Tiene incluso imperfecciones únicas, que luego pueden transformarse en virtudes y en parte de tu estilo.

Pero hay músicos que nunca logran ese estilo personal…

No estoy tan de acuerdo. Vos podés tocar un tema como tocaba West Montgomery, pero en algún momento, aunque estés tocando su música y su estilo, vas a tomar decisiones distintas.  Yo me di cuenta de eso cuando transcribía.  Transcribir por ejemplo a Pat Metheny para poder tocar lo que él toca y cómo lo toca. Para tocarlos exactamente igual.  Pero no para imitarlo, sino para sentir por un momento lo que él siente. Para meterme en su piel.  Y después de hacerlo y repetirlo me daba cuenta que las ideas de él sonaban distintas cuando las tocaba yo. Primero por mis imperfecciones.  Y segundo, porque luego tomaba otras decisiones. Llegado a un determinado lugar, yo quería ir por otro lado distinto al de Pat.  Y allí abrís la puerta. Esa es la clave, para mí.

¿En algún momento dejan de estar presentes las influencias?

Hay músicos a los que nunca les escuchas las influencias. Por ejemplo John Scofield. Yo lo escucho, lo he ido a ver y me pregunto  ¿de dónde viene este tipo? ¿De dónde o de quién sacó las cosas que hace?  Más allá de que te guste mucho o poco, es muy potente la visión que él tiene.  Yo siento que no soy uno de esos músicos.  Yo siento que mi acercamiento a la música es muy diferente. A mí se me ven las influencias. Hay músicos que reniegan de eso, pero a mí no me molesta. Me parece importante que eso pase. Que pase y haga su recorrido.

¿Qué quisieras seguir haciendo de aquí en más?

Seguir tocando con mi grupo. Tenemos mucho para dar juntos. Quiero seguir profundizando mi música. Quiero seguir tocando. Eso quiero.

 

Lucio Balduini Cuarteto. “Viento divino”.