A tono con la escena internacional, también en la Argentina las mujeres ocupan cada vez más espacios como instrumentistas, ya sea al frente de sus propios grupos o participando de experiencias con otros liderazgos. En los últimos años una nueva camada de instrumentistas llegó a la escena local para quedarse, a fuerza de talento, esfuerzo y preparación. Las chicas quieren jazz y está bueno que así sea…

Con contadísimas excepciones, la trascendencia de las mujeres en el mundo del jazz ha sido históricamente a través del canto. Por años las damas dominaron este segmento del arte y hasta el día de hoy podría asegurarse que las mejores voces siguen siendo femeninas.

No obstante en los últimos años, cuando el jazz comienza a tomar status universitario, la incidencia femenina se fue haciendo más abarcativa y las mujeres comienzan a “rivalizar” de igual a igual como instrumentistas, en base a capacitación y talento.

Este panorama se acentuó en los últimos tiempos y permitió el surgimiento de singulares valores, como la guitarrista Mary Halborson, las pianistas japonesas Satoko Fujii e Hiromi Uehara o la notable saxofonista norteamericana Matana Roberts, que lideran sus propios grupos y marcan tendencias.

La Argentina, aunque con menor celeridad,  no está exenta de este fenómeno. Las nuevas camadas de instrumentistas en el país también incluyen mujeres de talento entre sus filas.

Algunas de ellas ya  promedian una interesante carrera como líderes de su propio grupo, tal el caso de la pianista rosarina Paula Shocron (foto principal), con varios discos propios,  o liderando tendencias progresistas, como la saxofonista Ada Rave, uno de las principales impulsoras de la movida free en el país.

La última oleada de talentos incluye entre las más experimentadas a la guitarrista Patricia Grinfeld, la pianista Tatiana Castro Mejía y a la violinista suiza afincada en el país Sophie Lüssi, todas ellas liderando sus propios proyectos o participando animosamente en los de sus colegas.

Con ellas conviven algunas figura emergentes, de mucho futuro, que aún no encabezan sus propios grupos ni tienen discos a su nombre, pero si forman parte de proyectos innovadores dentro de la escena local, construyendo una experiencia que seguramente dará muy buenos frutos.

Tal es el caso de cuatro jóvenes y prometedoras saxofonistas: Julieta Eugenio (con especial destaque en “Siquerida” el disco del baterista Guillermo Harriague), la salteña Yamile Burich, con buena presencia en los escenarios porteños, la uruguaya Patricia López y Marina Mosenkis, actualmente algo alejada del jazz, pero que años atrás supo liderar el excelente trio Karaboo.

También se integran a esta movida Analía Ferronato y Rosina Scampino, dos de las escasas bateristas de la escena local, la trompetista Leslie Yoshida y la contrabajista colombiana Diana Arias, compañera de ruta de varios de los jóvenes pianistas actuales.

Se destacan ademas en este panorama  la bajista Laura Corazzina, la saxofonista Marcela Galván y Nana Arguen en guitarra,  artistas que cultivan otros géneros, pero que registran buenas y reiteradas incursiones en el jazz, como para formar parte de este movimiento.

Todas ellas y algunas otras que no se incluyen en esta reseña, tan injusta como cualquiera enumeración, sostienen con personalidad y talento, la cada vez más numerosa presencia femenina en el escenario local .