El free jazz y la libre improvisación tienen cada vez más trascendencia en la ciudad de Buenos Aires. Motorizada por un entusiasta grupo de músicos de distintas experiencias y trayectorias, la escena porteña va abriendo nuevas posibilidades de expresión para quienes apuestan a la creación espontánea.

Desde su origen, hace más de 100 años, el jazz ha demostrado su capacidad para nutrirse de otras músicas, en un proceso de búsqueda y crecimiento que puede ser rastreado hasta la actualidad.

Un largo camino de estilos y propuestas, en la que subyace la siempre vigente disputa entre tradicionalistas, simples repetidores de viejos esquemas y los innovadores  que resisten para que el jazz,Trompetista-Enrique-Norris “el más glorioso de los híbridos” según el crítico Ted Goia, no se convierta en pieza de museo.

Entre ellos, un grupo más reducido aún, pero no menos combativo, apuesta por las formas libres, la improvisación total, el cruce con la música experimental o contemporánea y la búsqueda de nuevos sonidos imposibles de limitar en una partitura.

Enrique Norris es uno de esos artistas persistentes. Sin ojos en la nuca, el cornetista encabezó en los comienzos del 2000 el grupo MES, junto a Sergio Verdinelli y Mariano Otero, antes de iniciar su actual agrupación, con la que lleva más de diez años y que incluye a Pablo Diaz y Maxi Kirzner en la rítmica.

A lo largo de todos estos años Norris no ha dejado de profundizar en su concepto musical, a través de sus propios grupos o en colaboraciones con otros colegas, como la que habitualmente lo une a la inclasificable Bárbara Togander en el dúo “Muni Muni’s” o al Cuarteto Instantáneo que lidera el bajista Guillermo Roldán.

Precisamente Roldán, encabezando el combo que completan Norris, Francisco Salgado y Tatiana Castro Mejía; es uno de los más activos difusores de la música improvisada. En 2014 sorprendió con “Nuclear”, su disco con música de Thelonious Monk y Ornette Coleman y dos años después profundizó el desafío con “Temporal”,  con cinco temas totalmente improvisados, con el que sigue activo.

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Francisco Salgado, parte del cuarteto de Roldán, también buscó su propio camino dentro de la improvisación libre, ya sea con su “Underground Mafia”, con “Salgado y Asociados” o con el más reciente “Roseti Proyect”, junto al saxo holandés Frido Ter Beek y al baterista Matías Colausso, con el que sobre finales de año produjo el excelente “Deshacer”, uno de los mejores discos de 2017. Colausso impulsa además el espacio Roseti, en el barrio de Chacarita, donde la movida más experimental tiene su lugar de pertenencia.

La pianista colombiana Tatiana Castro Mejía, es otro de los puntales de la movida más experimental. En la segunda mitad del 2017 presentó su último disco: “Giro, vuelvo y giro”, en el  por primera vez incorpora la palabra escrita en su  búsqueda musical. Otro aporte de valía enpabloo-y-paula-296x300 la propuesta de Tatiana es “Sinancla”, editado en 2015, y que incluyó a  Renato Bianucci en flauta, Francisco Salgado en trombón, Maximiliano Kirszner en contrabajo y Hernán Rodríguez  en tambores.

El baterista Pablo Díaz también se inscribe por mérito propio en este grupo de talentos “libres”. Con una interesante carrera como líder y varios discos a su nombre, Pablo tiene entre sus puntos más altos el notable “Destemporizador”, el disco que editó al frente de su propio quinteto en 2016, y que incluye a Paula Shocron en piano; con quien Díaz inició también la aventura de un nuevo sello musical, “Nendo Dango”, con el que canaliza una movida free cada vez más consistente.

Poco después Pablo Diaz y Paula Shocron junto a Germán Lamonega alcanzaron lo que a todas luces fue un logro infrecuente para la música hecha en la Argentina. Interesaron con su nuevo trabajo “Tensegridad”, al mítico sello HatHut, que lo editó en junio de 2017. HatHut, fundado en 1974 por Werner Uehlinger, ha sido por años un refugio para artistas inclasificables como Anthony Braxton, Steve Lacy, Cecil Taylor, Dave Liebman, John Zorn, Myra Melford o Joe McPhee entre otros.

En esa búsqueda destaca también el saxofonista Pablo Ledesma, tanto en sus discos más jazzeros, como “Memorial Steve Lacy”, “M&M” y “Hommage”, los tres en colaboración con el pianista Pepe Angelillo: como en los que predomina la improvisación libre; el singular disco-libro  “Orillas” que grabó en mayo de 2014 con Angelillo, el Mono Hurtado y Martín Misa o el extremo “Improvocaciones”, que registró en La Plata junto al pianista español Agustí Fernández, uno de los improvisadores más relevantes de Europa.

Por ese sendero transita Wenchi Lazo, el prolífico guitarrista al frente de sus propios proyectos. Tanto en “Diferido” de 2011, como “En suspensión” (2013) a dúo con Emilio Haro, o en los recientes “Yas” junto a la cellista Cecilia Quinteros o “Temporal” con Franco Fontanarrosa en bajo y Augusto Urbini en batería, Lazo no admite concesiones ni renuncios en su exploración musical.

Merece también un lugar en esta reseña el neuquino Dario Dolci, un inquieto saxofonista que transita con creatividad las aguas del free en grupos como “Suitvist” junto al baterista Mark Herr y el contrabajista Gabriel García o en el más reciente “Hoa Hao” con Alessandro Guglielmelli yconde Gustavo Leguizamón y la también saxofonista Ada Rave, ahora radicada en Europa, pero que por años fue una de las pocas voces femeninas en el ámbito del free jazz.

También Jorge Torrecillas, que con su reciente “Una búsqueda infinita” y al frente de su  Ensamble, bucea en las aguas de la libertad sonora y Luis Conde, saxofonista más cercano a la música experimental y perseverante difusor del género a través del ciclo Sesiones Quiso Pinto, en colaboración con Instantes Sonoros a cargo de la pianista Fabiana Galante”, que en 2017 propiciaron la llegada del innovador grupo nórdico “Atomic” y del artista japonés Otomo Yoshihide.

Entre los más jóvenes destacan en este escenario la saxofonista Camila Nebbia, con su disco debut como líder, el excelente “A veces la luz de lo que existe resplandece solamente a la distancia”, al frente de una atípica formación que incluye clarinete  bajo, cello y dos baterías y la cellista Cecilia Quinteros, que sobre finales de año editó el arriesgado “Haití” junto a Sergio Merce y Marcelo von Schultz, trazando una continuidad con sus anteriores trabajos: “La corporación” junto a Cecilia López y Amanda Irarrazabal y “Eriza-Arde” con Irarrazabal y Tatiana Castro Mejía. Nuevas y experimentadas voces, para una misma pasión.