La música que hizo bailar a más de una generación vuelve años después a Buenos Aires con una impronta renovada. Delfina Oliver, al frente de una banda notable, recrea con acierto en su tercer disco, “Buenos Aires Bebop” un repertorio que no merece ser olvidado.  El 30, Delfina y su quinteto abren el fuego en  Café Vinilo.  “Buenos Aires Bebop” sale a escena y el swing se adueña de la noche. 

 Fotografías: Verónica Ruiz

A  lo largo de diez temas, “Buenos Aires Bebop” fluye con la misma naturalidad con la que se mueven los pies de quien lo escucha. En este, su tercer disco, Delfina Oliver deja de lado las formas contemporáneas que caracterizaron los dos primeros, para abrevar a puro disfrute en las melodías del swing. Un logrado trabajo que, con la dirección musical de Mariano Loiácono, recrea con singular mirada aquellos clásicos entrañables, entre los que destacan las personales versiones de “Body and Soul” o “I´ll remember april”, la querida “Waltz for Debby” de Bill Evans, la singular relectura del “In walked bud” de Thelonious Monk o el rescate emotivo de “When sunny gets blue”, grabada en los 60s por Anita O´Day.

¿Cómo elegiste el repertorio para este disco?

Elegí éstos 10 standards porque son aquellos que más disfruté de cantar entre Tokio y Buenos Aires en estos últimos años en distintos clubes de jazz. Y además porque fueron muy transitados en la época del bebop y el swing por los músicos y cantantes de los que más me nutrí en esta etapa de búsqueda artística. Es una etapa relacionada con un regreso a las raíces del jazz que más me gusta, y por lo que devine en cantante de jazz: Ella, Sarah, Anita O’Day, Carmen McRae, Betty Carter, Charlie Parker, Thelonious Monk, Bill Evans, etc.. Quise dejar plasmado en un disco mi faceta más “swinguera”, ya que mis primeros dos discos tuvieron arreglos de jazz contemporáneo.

¿Habiendo tanto material disponible, qué aspectos son los que más cuentan para vos en el momento de definir cuáles son los diez temas que quedan?

Unos me gustan por su contenido armónico y melódico. Otros por las posibilidades rítmicas y de improvisación. Las baladas por las historias que cuentan, que me permiten una interpretación más profunda. Cada una contiene un desafío para mí en alguno de estos aspectos, y a mí no me gusta estar “cómoda” cuando canto. Siempre tiene que haber “algo más”. Un desafío. Que es lo mantiene viva mi pasión por el jazz.

A ver, dame ejemplos con algunos de los temas del disco…

“l’lI remember april”, por ejemplo, me permite improvisar. Es un tema rápido, hay una armonía y unos cambios que son desafiantes para un cantante. “Waltz for Debby” lo elegí porque siempre se lo canté a mi sobrinita Sofi y además es un tema que Bill Evans se lo compuso a su sobrina, Debby. Me encanta, es una canción casi infantil, que después pasa a un swing más “picadito” y se hace muy interesante.  “That old black magic” es un tema que me mata. También porque me permite improvisar. Acá quiero aclararte algo. Improvisar no es sólo hacer scat. Si no también frasear de la forma que a uno le guste hacerlo. O buscarle otra vuelta a la melodía. Es0 mismo me sucede por ejemplo con “A nightingale sang in Berkeley Square” que es una balada y yo la canto como un médium. Son temas que te dejan mostrar un fraseo swingero.

También hay un par de baladas..

Si, baladas que tienen melodías que me encantan. Son baladas no tan cantadas, no tan conocidas. Quizás “But beatiful” un poco más, pero “When sunny gets blue” es poco conocida. Y son dos temas que me encantan.

De ”But beatiful” recuerdo versiones de Nat King Cole o Billie Holliday, incluso  Tony Bennett la grabó en su reciente disco con Lady Gaga. Pero “When sunny…” no la recordaba.

Si, es un tema poco transitado, a pesar que tiene una melodía bellísima. La cantó Anita O´Day y también Betty Carter. La grabó Tony Bennett y Frank Sinatra también tiene su versión. Pero decididamente no es un hit dentro de la historia del jazz. Por eso también me interesaba rescatarla.

A pesar de que el swing tiñe de alguna manera todo el disco, hay también un Monk dando vueltas por allí y una versión despojada de “Body and soul”…

Sí, claro. A mí me encanta Monk y siempre me gusta cantar sus temas. Hicimos “In walked bud”, pero a Loiácono se le ocurrió hacer un arreglo funk del tema. Y quedó genial. Y “Body and soul” está porque me lo había pedido una de las personas que colaboró con el disco. Vos sabés que hice el disco con el sistema de crowdfunding y una de las recompensas era grabar un tema en un estudio profesional a pedido de la persona que colabore con el financiamiento. Un aportante pidió “Body and soul” y lo grabamos sólo con Mariano y Fran y solo para él. Pero nos gustó tanto como quedó, que decidimos incluirlo en el disco.

Y como bonus track “La Pomeña” de Castilla y Leguizamón…

Sí. Está dedicada a Freddy, mi marido, que es salteño. Él siempre me dice que nunca canto en español. Entonces pensé que una zamba del Cuchi Leguizamón era una buena oportunidad para cantar algo en español y homenajear también así a mi esposo.

Vos llegaste no hace mucho de Japón, donde venís actuando por tres años consecutivos con una estadía de varios meses. ¿En qué medida crees que contribuyó esa experiencia para dar forma a este trabajo”.  

Yo creo que tocar en Japón, me sacó del formato contemporáneo. Al público japonés le gusta un jazz más tradicional, si con una impronta moderna, pero sin caer en el jazz contemporáneo. Tocar esta música todas las noches durante casi cuatro meses y con unos músicos tremendos, me hizo volver a enamorarme de mis raíces. Lo mismo me pasó acá cuando canté con la Artristy Band. Volvés a enamorarte de todas esas canciones que te formaron. De las canciones que cantaban las grandes. Por eso tenía ganas de hacer un disco así y por suerte pudimos concretarlo.

¿La elección de los músicos para el disco es enteramente tuya?

Si, totalmente.  Acá ya sabemos, hay músicos muy dotados, muy talentosos. Pero yo quería gente que pudiera acompañarme desde la afinidad con el estilo. No es fácil tocar swing. Por eso los elegí uno por uno y logré armar un quinteto que se toca todo.

Hagamos un repaso…

Bueno,  Mariano (Loíacono) es el director artístico del disco. Él siente esta música, la hace en sus grupos, la disfruta y además venimos tocando juntos hace mucho. Con Jero (Carmona) y Fran (Lo Vuolo) también. Cuando grabé mi primer disco, “Mirada”  en 2004, ya estaba allí Fran, que tenía 20 o 21 años. Lo mismo te puedo decir de Eloy Michelini y de Gustavo Musso, músicos tremendos, como todos saben.

Siempre se dice que el jazz es un tema de agendas. ¿Van a poder estar todos en los shows?

Mariano y Fran, si. Gustavo Musso se va de gira con Escalandrum y lo va a reemplazar Sebastian Loíacono.  Jerónimo se va a Colombia. Le pedí a Ezequiel Dutil que venga, un contrabajista con quien he tocado muchas veces. Tampoco va a estar esta vez Eloy Michelini, asi que en el show del 30 va a estar otro grande, Oscar Giunta.