Los números nunca hablan por sí mismos de la calidad de una convocatoria, pero tienen su protagonismo. Más de 70.000 personas asistieron a los 77 conciertos que integraron el Festival Internacional de Jazz Buenos Aires 2012, que entre el 21 y 26 de noviembre se desarrolló en la ciudad.

 

Unos 200 músicos locales y casi 50 artistas internacionales presentaron sus distintas propuestas musicales en las sedes distribuidas en ocho barrios porteños, bajo la organización del Gobierno de la Ciudad y la dirección artística de Adrian Iaies. Claro que la convocatoria, como sucede año tras año, tuvo también en esta edición sus platos fuertes. Desde el ámbito local destacó la presentación de Escalandrum en la terraza del Centro Cultural Recoleta, a pocos días de obtener el Gardel de Oro por primera vez para el jazz, con su excelente trabajo “Piazzolla plays Piazzolla”. Los shows en la terraza fueron clausurados sobre el cierre del Festival por Javier Malosetti al frente de su quinteto, celebrando los diez años de la edición de su emblemático disco Villa junto a sus partenaires originales. También sobresalió el noneto de Juan Cruz de Urquiza, que presentó Indómita Luz, su disco tributo a Charly García, resultado de la comisión que se le asignó en la edición 2011, el Ensamble Real Book Argentina, un verdadero seleccionado de lo mejor del jazz local, surgido de la iniciativa del talentoso pianista Esteban Sehinkman y el quinteto de Guillermo Klein con la española Carme Canela.

 Fue muy alto también el nivel los 12 conciertos internacionales, entre ellos del trompetista Tom Harrel, quizás el invitado de mayor trascendencia de esta edición, quien llegó con su quinteto en el que destacó el saxo británico Wayne Escoffery, un joven músico que ya construyó una carrera propia.

En el otro extremo generacional sobresalió el solo piano de Kirk Lightsey, el veterano músico de Detroit, que supo ser parte de combos históricos, junto con Cecil McBee, Pharoah Sanders, Bobby Hutcherson, Harold Land, Freddie Hubbard y Dexter Gordon.

Además brillaron el bajista Mak Helías, por años sideman de Anthony Braxton, el norteamericano Ralph Towner, fundador del mítico grupo Oregon, quien se presentó junto al argentino Javier Girotto, radicado en Italia, y el también guitarrista David Gilmore, un nombre de culto en la escena neoyorkina, que ha participado de más de 50 grabaciones de primera línea, junto con músicos como Cassandra Wilson, Uri Caine, Dave Douglas o Wayne Shorter.

Desde Latinoamérica se alistaron el pianista colombiano Ricardo Gallo, con su cuarteto, el batería chileno Félix Lécaros y su compatriota el saxo Agustin Moya al frente de su quintero y la brasileña Banda Mantiqueira, una big band fundada en 1992, que ya alcanzó trascendencia internacional.

En esta edición se aumentó el espacio para la programación de la creciente producción de música local y tomaron aún más fuerza los cruces que reflejan el espíritu de este festival. En esta vertiente se vivieron noches de lujo con la interacción de músicos como Mark Helias, Danny Grisset, Jean Francois Prins, Agustin Moya, Judy Niemack, Milton Russel, Eric Echampard, Bruno Chevillion, Joel Holmes, Louis Winsberg, compartiendo escenario con destacados locales, como Cirilo Fernández, Francisco Salgado, Juan Pablo Hernández, Alejandro Demogli, Mariano Loiácono, Paula Shocron, Luis Natch, Mariano Sivori, Ernesto Jodos y Sergio Verdinelli, entre otros.